Obras de arte de la Basílica de San Pedro

La Basílica de San Pedro alberga una vasta colección de obras de arte, lo que nos obliga a concentrarnos solo en un número restringido de piezas. Por ello no mencionaremos ninguna pieza de los dos niveles inferiores: la Gruta y la Necrópolis.

A La Piedad, la escultura más conocida de la Basílica, hemos dedicado toda una entrada en la que se ha comentado. Respecto al Baldaquino y a la Cátedra de San Pedro, también se han comentado detalladamente en el artículo sobre Gian Lorenzo Bernini.

 

El atrio: El emperador Constantino y la Navicella

Antes de cruzar las puertas de acceso a la Basílica, nos situamos en un maravilloso atrio decorado con una cubierta dorada y con una pavimentación de mármoles de colores.
El atrio acoge dos grandes obras escultóricas: la estatua del emperador Constantino de Bernini y la reconstrucción del mosaico de Giotto conocido como La Navicella de los Apóstoles.

La escultura del emperador se encuentra en una hornacina del extremo derecho del atrio, a los pies de la Escala Regia. En ella, se representa la visión de Constantino antes de la batalla de Ponte Milvio, cuando se le apareció en el cielo una cruz que decía In hoc signo vinces (con este símbolo vencerás). La tradición dice que tras ese evento el emperador se convirtió al cristianismo.
La grandeza de la obra de Bernini reside en el modo en el que ha representado el suceso: el emperador está solo sobre su caballo rampante y ambos personajes aparecen ante nosotros extasiados y al mismo tiempo desconcertados tras haber recibido el mensaje divino. La originalidad de la escena es muy innovadora ya que hasta entonces siempre se había representado de dos maneras: el emperador sueña la visión o el emperador rodeado por sus soldados en el campo de batalla; nadie había conseguido darle a este pasaje tanto dinamismo.
La estatua fue ideada para ser ubicada dentro de la Basílica, pero el papa Alejandro VII decidió cambiarla de sitio. Bernini, que se encontraba ya trabajando un bloque de mármol, descubrió que el nuevo espacio era demasiado grande para las dimensiones de la piedra, así que optó por una original solución: esculpió un magnífico tejido que hace las veces de telón de fondo, creando a la vez una ambientación onírica.

La Navicella de Giotto está justo frente a la puerta central de Filarete. Desafortunadamente, se conserva solo una parte del mosaico original que Giotto realizó a principios del siglo XIV, lo demás es una fiel reconstrucción. Además de los Apóstoles y de Cristo, se reconoce un pescador (abajo a la derecha) y un hombre sumergido en el agua (abajo a la izquierda). Probablemente el primero sea un retrato de Giotto y el segundo el mecenas de la obra, el cardenal Jacopo Stefaneschi.

 

¿Hay cuadros en la Basílica de San Pedro?

Unos diez mil metros cuadrados de mosaico decoran la Basílica de San Pedro. No están solo en la cúpula, sino en todos los espacios, pues los cuadros son en realidad, mosaicos.  Desde el siglo XVII se fueron sustituyendo todos los lienzos de San Pedro con réplicas  perfectas hechas de mosaico con la finalidad de evitar que se estropeasen las telas.
A principios del siglo XVIII el artesano Alessio Mattioli descubrió un tipo de pasta opaca anti reflejante para los mosaicos que permitía además, reproducir los tonos de los colores de los cuadros. Desde 1727 el Vaticano cuenta con un laboratorio que realiza nuevos mosaicos de los cartones de los artistas y restaura los antiguos.

 

El mosaico de la Transfiguración

Sin lugar a dudas, el mosaico más conocido es el que reproduce la Transfiguración de Rafael. Se encuentra en el pilar de San Andrés, mientras que la obra original está en la Pinacoteca de los Museos Vaticanos.
La historia del cartón preparatorio de esta obra es muy curiosa. Agostino Masucci fue el artista a quien se le encargó en 1744 pero enfermó y no pudo terminarlo, por ello años más tarde sería otro artista, Stefano Pozzi, quien retomaría el trabajo. Pero no fue un trabajo fácil porque el boceto de Masucci no se pudo usar y el original se había colocado en una capilla oscura. Pozzi tardó más tiempo del previsto y por eso pidió doscientos escudos más de los acordados, alegando además como argumento a su petición, el hecho de que el lugar de trabajo estaba muy lejos de su casa, por lo que tenía que recorrer todos los días un largo camino a pie. Los responsables de la Fábrica del mosaico quedaron perplejos frente a esta petición, pero también muy satisfechos por el trabajo del artista, así que decidieron darle a Pozzi lo que pedía.

 

Los leones de Canova

Cerca de la Transfiguración, en la capilla frente al pilar de Santa Elena, encontramos el Monumento Funerario de Clemente XIII.
Este complejo escultórica fue realizado por Canova a finales del siglo XVIII. En la parte superior, sobre el sarcófago se sitúa la figura del papa que reza arrodillado; a su derecha en un plano inferior, hay una figura femenina que lleva una cruz en la mano, es la alegoría de la Religión, mientras que a su izquierda se encuentra el bellísimo Genio alado. Ambas esculturas se apoyan sobre un león. Canova estudió la fisionomía de los leones en los Jardines Reales de Nápoles que era por entonces, el único lugar de Italia donde se podían ver estos animales.

 

Las esculturas de las órdenes religiosas

Se merecen una mención especial las esculturas de los santos fundadores de las órdenes religiosas. A finales del siglo XVII aún estaban vacías las hornacinas de la nave central y las comunidades más importantes pidieron colocar en ellas las esculturas de los promotores de la regla.
La Fábrica de San Pedro aceptó con varias condiciones. En primer lugar, tenían la última palabra acerca del artista que realizaría la obra y se reservaban el derecho aprobar o no las mismas; en segundo lugar, La Fábrica habría elegido en qué hornacina iría cada escultura; en tercer lugar, imponían el uso de mármol blanco de carrera y por último, todos los gastos  corrían a cargo de las órdenes.