LOS ARQUITECTOS DE LA BASÍLICA DE SAN PEDRO

La iglesia más famosa y quizás la más bella del mundo, es la Basílica de San Pedro.
Su construcción empezó en 1506, aunque no se consagró hasta 120 años después.
Todavía hoy la iglesia de San Pedro, con sus 187 metros de longitud y su emblemática cúpula de 133 metros de altura, es una de las mayores iglesias que hay en la tierra.

 

La maldición de los primeros arquitectos: Rossellino, Bramante y Rafael.

A mediados del siglo XV la antigua basílica de San Pedro, la Basílica que construyó Constantino, se caía a pedazos.
El papa de aquella época, Nicolás V, decidió comenzar las obras de restauración del edificio. El arquitecto al que se le encargó el trabajo se llamaba Bernardo Rossellino. El proyecto fue demasiado audaz, pues Rossellino quería destruir la vieja iglesia para construir una nueva.
El papa Nicolás V aceptó su propuesta, pero poco tiempo después la muerte troncó el proyecto y de éste quedó sólo un muro junto a la Basílica de Constantino. Tanto fue así que los posteriores siete papas decidieron seguir enriqueciendo el viejo edificio.

Hasta principios del siglo XVI no se retomó la idea de levantar una nueva Basílica. El papa Julio II, un hombre terriblemente ambicioso, encargó a Miguel Ángel la realización de su tumba y el artista florentino diseñó para él un gran monumento de forma piramidal sobre el que se erguirían unas 40 estatuas. El Pontífice quedó muy satisfecho con el proyecto, pero dentro de la iglesia de Constantino no había suficiente espacio como para albergar una obra de tal envergadura.
Uno de los motivos por los que Julio II decidió construir la actual Basílica de San Pedro fue, por tanto, dar una digna ubicación a su monumento fúnebre. Las otras razones fueron las condiciones ruinosas del antiguo edificio y la aprobación que la construcción de un nuevo y maravilloso templo de la cristiandad, habría tenido por los fieles. El arquitecto nombrado jefe de la obra fue Bramante, que tuvo la revolucionaria idea de construir una estructura de cruz griega con una gran cúpula central, en lugar de la clásica iglesia de cruz latina con cinco naves.
En 1506 se colocó la primera piedra de la nueva Basílica de San Pedro. Sin embargo, en 1513 y 1514 murieron, respectivamente, Julio II y Bramante, habiendo construido solo los cuatro pilares gigantescos sobre los que habría de colocarse la cúpula.
El posterior pontífice, León X, decidió dejar la cantera en manos del mejor artista de la época: Rafael. Por desgracia, el famoso pintor falleció a los 37 años y su proyecto nunca fue realizado. La Basílica que Rafael imaginó habría sido de cruz latina y en su interior, con un sutil juego de luces y sombras, los fieles que habrían recorrido la nave central envueltos en la penumbra, al llegar a la tumba de San Pedro en el altar, se habrían visto de repente, inmersos en un haz de luz.

 

La basílica de Sangallo

Tras Rafael llegó Antonio da Sangallo, que fue maestro de obras de la Fábrica de San Pedro desde 1520 hasta 1546. Durante parte de este período los trabajos sufrieron parones por los problemas económicos de la Iglesia.
Sangallo amplió la planta de Bramante para que incluyese toda la superficie de la vieja Basílica. Esa área, de hecho, se consideraba suelo sacro y León X quiso que formase parte de la nueva construcción. Para lograrlo, el arquitecto proyectó una fachada entre dos torres campanarios conectada al cuerpo principal de la iglesia por un vestíbulo.
Antonio da Sangallo realizó una magnífica maqueta de madera de su proyecto por petición del papa Pablo III. Tardó 8 años en terminarla y se gastó tal cantidad de dinero, qué se habría podido construir otra iglesia con él. La maqueta de 4,5 metros de alto, es la mayor del Renacimiento y todavía se conserva en uno de los Octágonos de la iglesia de San Pedro. Los Octágonos se hayan encima de las cuatro grandes Capillas Angulares.

 

¿Quién proyectó la Cúpula de San Pedro?

Miguel Ángel Buonarroti se hizo con el proyecto cuando murió Sangallo. El artista florentino tenía ya más de 70 años y rechazó la oferta varias veces, pero el papa Pablo III lo obligó a aceptar. A Miguel Ángel no le gustaba el trabajo que había realizado el precedente arquitecto, por lo que decidió destruir algunas partes que ya habían sido construidas. Retomó el proyecto original de Bramante y concibió, como elemento central de la Basílica, la gran cúpula. Para diseñar dicha cubierta se inspiró en la cúpula de Brunelleschi del Duomo de Florencia.
Cuándo murió Miguel Ángel a la iglesia sólo le faltaba por terminar las Capillas Angulares, la fachada y la misma cúpula, de la que había completado solo el tambor con columnas.
En 1587 se le encargó al entonces maestro de obras, Giacomo della Porta y a su asistente Domenico Fontana, que terminasen la cúpula. Tardaron solo 2 años en realizarla, un quinto del tiempo que había sido previsto al principio.

 

Carlo Maderno y Gian Lorenzo Bernini

Aún quedaban partes de la antigua basílica en pie, cuando en 1603 Carlo Maderno se convirtió en el nuevo maestro de obras. Poco a poco habían ido surgiendo partidarios de la conservación de la vieja iglesia, para usarla como una suerte de atrio del nuevo templo.
Pero el papa Pablo V decidió destruir completamente la vieja estructura, de la que habían comenzado a desprenderse algunos bloques de mármol. Quiso también que Maderno ampliase el ala este de la nueva Iglesia para englobar la superficie de la antigua Basílica. Al hacer eso, la fachada se vio mucho más adelantada y para conectarla con el edificio realizado por Miguel Ángel, Maderno tuvo que realizar una estructura de tres naves. La Basílica de San Pedro adquirió así su actual forma alargada, de cruz latina.
La cúpula ya no ocupaba una posición central, como en el proyecto de Miguel Ángel y la fachada era demasiado plana para resaltar la cubierta. Se pensó entonces en enmarcarla entre dos torres campanarios, pero ni Maderno ni Bernini tuvieron éxito en su tarea, porque el terreno sobre el que las intentaron construir no soportó el peso.
En 1626 Basílica de San Pedro fue por fin completada y papa Urbano VIII la consagró.

Pero aunque se había consagrado San Pedro, su interno permanecía desnudo. La tarea de embellecerla y organizar las obras de arte que ya contenía fue dada a Gian Lorenzo Bernini. El primer problema al que se enfrentó Bernini fue la colocación del altar mayor. No sabía si ubicarlo sobre la tumba de San Pedro, en el centro del crucero, o en el ábside donde tradicionalmente se colocaban en las iglesias de planta de cruz latina. Por ello Bernini realizó dos altares mayores, sobre el crucero levantó un magnífico Baldaquino de bronce con el que satisfizo dos exigencias prácticas: la primera llenar parte del espacio entre el suelo del crucero y la altísima cúpula; y la segunda no obstaculiza la vista del altar del ábside.
La intervención de Bernini en la obra de San Pedro fue amplia y genial. Se ocupó de la pavimentación, de la creación de un monumento que contuviese la Cátedra de San Pedro, de la decoración de los cuatro pilares de la cúpula, de la realización de esculturas, de sepulcros y de las magníficas columnas de la plaza de la Basílica.

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