LA COLUMNATA DE SAN PEDRO

La historia de la columnata de la plaza de San Pedro

En 1614 se completó la fachada de San Pedro, por lo que resultó necesario reorganizar el espacio gigantesco que antecedía la iglesia, para resaltar precisamente, la joya del papado que había llevado más de un siglo de trabajo levantar. Pero había que respetar el obelisco que colocó Fontana varios años antes.

Fabio Chigi fue coronado papa en 1655 con el nombre de Alejando VII. Era un coleccionista de arte y arquitecto aficionado, así que el mismo día que fue elegido, hizo llamar a Gian Lorenzo Bernini para hablar sobre algunos proyectos que tenía pensado. En sus doce años sobre el trono papal, realizó la columnata de San Pedro, la cátedra de bronce de San Pedro y la Escala Regia del Vaticano. Arregló además la plaza del Panteón y de Minerva, donde erigió el famosísimo elefante y restauró la Pirámide Cestia.

Bernini y Alejando VII exaltaron la iglesia católica con el arte: la columnata no se habría hecho jamás sin la exuberancia de la estética barroca destinada a suscitar la devoción y la implicación emocional del espectador.

Eran coetáneos, se estimaban y trabajaron juntos en el proyecto del pórtico, esa elegante estructura típica de la arquitectura grecorromana que protegía al pasante de los agentes atmosféricos. Este homenaje al clasicismo hace de la columnata la creación más sobria de la Roma barroca.

Erigirlo requirió un esfuerzo titánico de once años de trabajo (1656-1667), 44.000 metros cúbicos de travertino y centenares de hombres como mano de obra. La piedra llegó desde Tívoli, a unos 30 km de Roma, vía terrestre o arrastrada a lo largo de las orillas de río usando caballos y búfalos.

La plaza es oval y la cierran por dos pórticos semicirculares de columnas, que simbolizan el abrazo de la Iglesia a los fieles y a los “herejes, para reunirlos en la Iglesia y a los Infieles para iluminarlos a la verdad fe” (Bernini). El lado mayor es de 240 metros y el obelisco central y las dos fuentes hacen de eje transversal.

Las 284 columnas son de orden dórico, miden 16 metros de altura y están dispuestas en cuatro filas de manera que crean tres pasillos paralelos: el central transitable con automóviles y los laterales peatonales.

Ilusión óptica

El diámetro de las columnas aumenta gradualmente hacia el exterior para corregir la distorsión ópticas de sus proporciones cuando son observadas desde la lejanía. Mientras que la fachada se conecta con la columnata a través de dos brazos convergentes para dar la sensación de estar más cerca.

Entre el obelisco y cada una de las fuentes, en el suelo, hay un disco de piedra con una escrita: “Centro de la columnata”. Son dos elipses desde donde observar la columnata, desde aquí, las cuatro filas se alinean pareciendo una única columna.

Las estatuas

Los escudos de la familia Chigi y ciento cuarenta estatuas de 3, 10 metros, coronan la columnata. Las realizaron los discípulos de Bernini y su función era la exaltación del catolicismo. Están representados San Pablo y San Esteban, el primer mártir, los primeros monjes San Benito y San Antonio Abad, los grandes reformadores de la Iglesia medieval San Francisco de Asís y Santo Domingo y los “modernos” San Ignacio de Loyola y San Filippo Neri. También hay papas, mártires de época romana y un total de treinta y ocho mujeres.

Las curiosidades

La columnata marca la frontera entre Italia y el Estado Vaticano. Una línea de travertino en el suelo une los dos extremos del pórtico.

No solo había obreros profesionales trabajando en las obras, también había voluntarios penitentes que a través de la fatiga física expiaban sus pecados.

A pocos metros de uno de los dos centros de la columnata, en el pavimento de “sampietrini”, es decir, adoquinado, hay una piedra particular. Es un recuadro con la Rosa de los Vientos con el lebeche o ábrego, un viento que sopla en dirección suroeste. Entre los adoquines rojos que lo rodean destaca uno con un corazón en relieve -era casi con seguridad una hoja decorativa de época romana-, según la leyenda es el corazón de Nerón, el feroz perseguidor de cristianos que en aquel lugar había martirizado a San Pedro, que volvió a aflorar como una presencia maligna sobre la que triunfó la iglesia.