LA ANTIGUA BASILICA DE SAN PEDRO DEL VATICANO

La Basílica de San Pedro, hoy considerada símbolo y centro principal de la cristiandad, no ha desempeñado siempre este papel, ya que existía otra basílica que le hacía sombra.

La Basílica de Constantino, la antigua Basílica de San Pedro del Vaticano, fue fundada en el siglo IV y se mantuvo en pie durante mil doscientos años. Al igual que la actual, ésta también se erigía sobre la tumba del príncipe de los Apóstoles e igualmente, recibía un enorme flujo de peregrinos.

 

In hoc signo vinces, La elección de Constantino

El emperador Constantino fue quien construyó la basílica. A diferencia de lo que dice la leyenda, Constantino no fue el primer emperador cristiano. Esta idea sin embargo, se difundió porque él mismo reveló que antes de la batalla de Ponte Milvio, soñó la cruz latina con el lema: “In hoc signo vinces”, o lo que es lo mismo “Con este símbolo vencerás”. La verdad es que Constantino consideraba al dios de los cristianos como una de las muchas divinidades paganas que adoraba. Si se convirtió al cristianismo fue solo en su lecho de muerte.

Aquello que es verdad es que Constantino permitió la libertad de culto a los cristianos. Además, el emperador les regaló propiedades y terrenos para sus reuniones y la celebración de las funciones litúrgicas.

El lugar elegido para la construcción de la Basílica dedicada a San Pedro trajo problemas a nivel técnico y también burocrático, porque era inclinado y acogía ya una necrópolis aún en uso. El derecho romano garantizaba la inviolabilidad de las sepulturas, pero el emperador consiguió imponer su voluntad y autorizó los trabajos. Se aseguró, no obstante, de que los sepulcros no sufrieran daños.

Si Constantino afrontó todos estos problemas para construir sobre la necrópolis, fue porque quería levantar una basílica sobre la tumba del Apóstol Pedro, el padre de la Iglesia.

La elección de Constantino se desarrolló fácilmente. La basílica terminó de construirse a mediados del siglo IV y se convirtió, junto a Jerusalén, en la principal meta de peregrinación cristiana.

El corazón de la iglesia era un pequeño templete donde, se creía, yacían los restos de San Pedro. El emperador lo encerró en un monumento fúnebre de precioso mármol y pórfido rojo. Al monumento lo coronaba un baldaquino con cuatro columnas salomónicas del siglo II.

 

La iglesia mayor y más bella del mundo

La Basílica de Constantino se convirtió rápidamente en la más importante de la cristiandad. Hasta aquí llegaban fieles de todos los rincones del mundo, para postrarse delante del sepulcro del Apóstol Pedro. Era, además, la mayor basílica jamás construida y acogía muchísimas obras maestras del arte. Hoy sabemos como fue gracias a los diseños y dibujos de tantos artistas que la retrataron.

La fachada tenía tres puertas de entrada, pero no era especialmente atractiva. Sin embargo, en cuanto se cruzaba el umbral se entraba en el pórtico cuadrado, tan bello que solían llamar de Paraíso. En el centro de éste se hallaba una fuente de bronce de cuatro metros de altura a forma de piña. Era imponente y había sido colocada dentro de un baldaquino con ocho columnas. Sobre la cubierta resaltaban dos maravillosos pavos de bronce dorado y quizás otras esculturas con forma de delfín. La basílica medía 120 metros de longitud y tenía cinco naves separadas por columnas coronadas por capiteles corintios.

Las ceremonias que se celebraban dentro de esta antigua basílica eran diferentes de las hodiernas. Las celebraciones papales raramente se desarrollaban aquí y sin embargo sí que se tenían en ella otras de origen pagano, como el refrigerium. Este consistía en un banquete funerario que tenía lugar en el aniversario de la muerte de un difunto. Algunas crónicas narran de refrigeriums tan numerosos que llenaban la basílica, el pórtico e incluso, la escalera y la plaza. La basílica estaba siempre abierta, durante el día y la noche y era tan concurrida que parecía más un mercado que un templo cristiano.

Durante los mil doscientos años que estuvo en pie, la basílica cambió constantemente. Los papas que se sucedieron, compitieron para embellecerla aún más que el anterior. Recubrieron el pavimento y las paredes con materiales preciosos y ordenaron a los grandes maestros de las diferentes épocas, que realizaran obras para el templo.

 

Las obras maestras de la antigua basílica

Entre las obras que la Basílica acogió hasta finales del siglo XV había doce maravillosas columnas que rodeaban el monumento funerario de San Pedro. Durante la edad media se pensaba que procediesen del Templo de Salomón. Una de ellas fue llamada la Columna Santa, porque se creyó la columna en la que Jesús se apoyaba durante la prédica.

Desde la coronación de Carlomagno en el 799, todos los emperadores fueron coronados allí por el papa. El lugar exacto en el que este acto se cumplía lo indicaba un gran disco de pórfido rojo, la rota porphiretica que aun hoy se puede ver en San Pedro.

El famoso mosaico de la Navicella de Giotto estaba colocado a un lado del pórtico cuadrado y no dentro de la iglesia. Como estaba al aire libre, sufrió muchos daños y fue continuamente restaurado y casi reconstruido.

Es mucho más largo el elenco de las obras que había en la Basílica de Constantino. Muchas de ellas se han conservado dentro de la actual San Pedro, como por ejemplo: la preciosa cátedra de madera y marfil sobra la que se sentó el mismo San Pedro y que luego fue catalogada como de época carolingia; dos importantes esculturas del apóstol en mármol de época clásica y otra de bronce del siglo XIII y la Puerta de Filarete de 1445.

Otras maravillas artísticas no pudieron conservarse y se perdieron, principalmente, los frescos que decoraban la basílica.