El Baldaquino de San Pedro

La versión barroca de un antiguo símbolo sagrado

Baldaquino” es un término que nace en la época medieval, indica una estructura ricamente decorada que protege al público o a objetos de gran valor. La palabra italiana “Baldacco”, se refería a Baghdad, como prestigioso centro de producción de preciosas telas.

Durante siglos, en las celebraciones litúrgicas cristianas, se protegía el altar con una bella estructura: el ciborio. Formado por cuatro columnas y un revestimiento. Gian Lorenzo Bernini, el maestro del Barroco romano, fundió los dos elementos creando una especia de innovador híbrido para cubrir el altar de San Pedro.

La obra maestra de Gian Lorenzo Bernini

El Baldaquino se descubrió el 29 de junio de 1633, durante la fiesta de San Pedro y Pablo.

Es de bronce sobredorado, mide 28,75 metros de alto y peso 61.000 kilos. El ritmo ascendente le da dinamismo y brío al metal, que se levanta sobre columnas salomónicas y que forman un espiral hacia arriba que recuerdan las antiguas columnas que decoraban la basílica paleocristiana de la época de Constantino.

Está colocado hacia el oeste y durante el día lo iluminan diferentes focos de luces, algunos naturales y otros artificiales, de diferente intensidad y ubicados en diferentes puntos de la basílica, para crear un elegante efecto pictórico.

Los símbolos que la decoran

En la cúspide del Baldaquino, unos ángeles sostienen los símbolo de los patrones de Roma: las llaves y la tiara papal de San Pedro y el libro de prédicas y la espada, es decir, la fuerza de la fe e instrumento de su martirio, de San Pablo. Sobre la cubierta abre las alas la paloma del Espíritu Santo.

Hay representadas varias abejas doradas. Cuando el cardenal Maffeo Barberini fue elegido papa como Urbano VIII, la abeja se convirtió en el símbolo de su escudo heráldico; ya que en la tradición cristiana alude a la caridad y a la laboriosidad. El laurel y el sol radiante también son emblemas de los Barberini. El laurel, en la cultura clásica, tenía connotaciones relacionadas con la victoria y en el arte paleocristiano con la vida eterna.

Una espesa vegetación recubre la estructura, yedra, piñas, rosas y ramas de olivo que simbolizan la paz y la Pasión de Cristo.

Los animales solares combaten contra las fuerzas demoníacas: el lagarto, que se vuelve al sol como el fiel a Cristo, se come el escorpión; una mosca, símbolo del mal, mira desde abajo y un rosario protege a todas las criaturas.

Ocho rostros muestran la secuencia un parto

En bajorrelieves de mármol, vemos esculpidas pequeñas cabecitas casi escondidas por los escudos papales. Son una secuencia que parece querer reproducir un movimiento, similar a los que se sucederían después con la técnica cinematográfica. Se trata del esfuerzo de una mujer dando a luz. En el octavo, aparece un recién nacido. Una secuencia absolutamente nueva que alude a la idea de Iglesia como Mater.