San Pedro es el más importante de los doce apóstoles de Jesús, el primer papa de la historia y según la tradición además, quien custodia las llaves del Paraíso. A él le dedicaron la Basílica y la Plaza que llevan su nombre.

En origen se llamó Simón. Fue Cristo quien le atribuyó el nombre de Cefa, que quiere decir Pedro.

 

Su encuentro con Jesús

Pedro vivió en una pequeña aldea del mar de Galilea, Cafarnao. Aquí fue pescador junto a su hermano Andrés. Jesús lo vio mientras tiraba las redes al mar y lo invitó a seguirlo para convertirse en pescadores de hombres.

Pedro fue, según las Sagradas Escrituras, el primer apóstol. No fue el mayor de los doce apóstoles ni tampoco el primero en unirse a Cristo, por lo que se cree que su primado se base en su autoridad.

En el Evangelio, Pedro habla muchas veces en nombre de todos los apóstoles. Es uno de los tres privilegiados junto a Juan y a Santiago, que asistió a la transfiguración del Mesías y fue quien lo acompañó al Huerto de los Olivos antes de su arresto. En aquella ocasión Pedro intentó defender a su Maestro frente a las guardias, pero solo consiguió herir a uno de los siervos del Gran Sacerdote. Fue aquella misma noche cuando negó tres veces ser un discípulo de Jesús, verificándose la profecía en la que Cristo le había dicho a Pedro que su miedo habría sido más fuerte que su fe.

 

El primado de San Pedro

Casi todas las Iglesias cristianas otorgan a Pedro un papel principal entre los apóstoles, pero aquél de primado papal se lo da solo la católica.

Según el primado papal, Jesucristo confió a Pedro la misión de difundir su Iglesia. Los obispos de Roma son herederos del apóstol y reciben de Dios la tarea de guiar a los fieles. Esta investidura divina determina su supremacía sobre los demás prelados eclesiásticos.

Algunos pasos del Nuevo Testamento crean la base sobre la que se construye el primado de Pedro. El más importante y discutido es el del Evangelio de San Mateo, en el que Jesús le dice: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra fundaré mi Iglesia”. Un papel clave lo desarrolla un pasaje del Evangelio de San Juan, donde se narra que tras la resurrección, el Mesías perdonó a Pedro que lo hubiese negado y confía a él la guía de la Iglesia diciéndole “Apacienta mis corderos […] Apacienta mis ovejas”.

 

San Pedro en Roma

Pedro guio a los apóstoles cuando Jesús ascendió al cielo y no tardó mucho en cumplir su primer milagro: curar a un mendigo tullido.

Fue arrestado tres veces por las autoridades judías, quedando siempre en libertad. Según las Escrituras, en dos ocasiones lo liberó un ángel. Fue el primero que bautizó a una autoridad, al centurión romano Cornelio.

Más tarde dejó la tierra de Judea para convertirse en la cabeza de la comunidad cristiana de Antioquía.

San Pedro llegó predicando hasta la capital del Imperio Romano. Según la tradición católica se convirtió en el obispo de Roma y por ende, en el primer Papa. El representante de Dios en la tierra.

No existe un acuerdo sobre la fecha en la que llegó a Roma, mientras que su muerte se sitúa entre el 64 y el 67 d. C, durante las persecuciones de Nerón. La versión más veraz de su muerte, es la de la crucifixión cabeza abajo. Fue Pedro quien así lo quiso, pues no se retenía digno de morir como Cristo.

 

¿Dónde está la tumba de San Pedro?

Para los Romanos la sepultura era un derecho inviolable, ya fuesen paganos o de cualquier religión. No hicieron una excepción ni siquiera con los cristianos en tiempos de Nerón.

El cuerpo de Pedro se dejó en manos de sus seguidores y fue enterrado en las cercanías del lugar donde fue ejecutado, en la colina Vaticana. Aquí se hallaba un cementerio pagano. La necrópolis fue descubierta bajo la Basílica gracias a varias campañas de excavación que comenzaron en 1939. Fue la zona elegida para alzar la Basílica dedicada a San Pedro por el emperador Constantino en el siglo IV, precisamente por la presencia de su tumba.

Durante la excavación, que duró hasta 1949, fue hallado un templete del siglo II, identificado por los expertos como un monumento funerario colocado sobre la tumba del santo. El templete se apoyaba sobre un muro pintado de rojo. A su alrededor había otra pared, el muro de los “graffiti” donde se encontró una inscripción que rezaba: «Petros eni»; es decir: «Pietro está aquí».

Se buscaron los restos de San Pedro bajo el templete, sin ningún éxito. En 1952 la arqueóloga Margarita Guarducci descubrió una caja de madera con huesos dentro, que había sido apartada por los trabajadores y luego olvidada. Se necesitaron unos diez años para que los huesos fuesen analizados y reconocidos como los de San Pedro.

Lo que queda de la tumba del Príncipe de los Apóstoles, está situado hoy en día bajo el altar mayor de la Basílica Vaticana, a 4 metro de profundidad. Mientras que sus restos se conserva en la capilla del Apartamento Papal, en el Palacio Apostólico.

 

Las llaves del Reino de los Cielos

Los Evangelios narran como Jesús anunció a Pedro que le daría las llaves del Reino de los Cielos. En su representación iconográfica de hecho, suele aparecer aferrando dos llaves, que son las del escudo de la Ciudad del Vaticano: la llave de plata representa la autoridad de la Iglesia en la tierra, mientras que la de oro lo es en el Reino de los Cielos.